lunes, 20 de abril de 2015

La interculturalidad y la muerte en el niño de tres a seis años

La interculturalidad se refiere a la interacción entre culturas, de una forma respetuosa, donde se concibe que ningún grupo cultural esté por encima del otro, favoreciendo en todo momento la integración y  convivencia entre culturas.

Así la educación intercultural debe estar centrada en la diferencia y pluralidad cultural, dando a los niños puntos de vista no racistas y favoreciendo la  predisposición afectiva positiva hacia personas de diferentes culturas.

Como docentes debemos de ser capaces de convertir las diferencias culturales en puntos positivos entre el alumnado para enriquecerse. Un enriquecimiento personal que les favorezca en el día a día y en las relaciones sociales. Pero a su vez, debemos ser capaces de encontrar puntos de encuentro que sean iguales o semejantes entre las diferentes culturas.

Un recurso muy utilizado para poder trabajar la interculturalidad en el aula es el cuento. Por ello, el cuento de “ELMER” es fundamental para poder llegar a la conclusión de que “Todos somos de diferentes colores, pero todos tenemos el mismo corazón”. A continuación el cuento:




Sin ir más lejos la muerte afecta a todas las personas sin distinción de sexo, raza o cultura. Por ello debemos hacer de este tema un punto de partida para trabajar con  niños y niñas, independientemente de las diferencias culturales.

En este periodo del desarrollo evolutivo los niños tienden a ser egocéntricos, predomina la subjetividad y el pensamiento mágico y tienen una forma muy literal de interpretar las cosas que suceden a su alrededor.

Los niños de estas edades conciben la muerte como un estado temporal y reversible, que pueden asemejarlo a dormir o a una forma de sueño, por lo que imaginan que la persona que ha fallecido despertará o volverá en algún momento.

En esta etapa evolutiva no son todavía capaces de comprender lo que significa el fin de las funciones vitales e imaginan que la persona fallecida sigue viva de alguna manera y puede comer, pensar, hablar y mirarnos desde donde esté.

A esta edad pueden creer que la muerte o las enfermedades que causan la muerte son contagiosas y que otras personas de su entorno también pueden morir. Esto se alterna con la creencia de que sus padres y ellos mismos son eternos y nunca morirán. Todavía no son capaces de comprender en su totalidad el concepto de universalidad de la muerte.

¿Qué podemos hacer y decir?
Lo más importante, es poder utilizar un lenguaje claro, preciso y real a la hora de explicar todo lo que tenga que ver con el hecho de morir o la noción de muerte.

En este periodo los niños muestran mucha curiosidad por el lugar donde está y por cómo se encuentra la persona que ha fallecido. Estas son algunas de sus preguntas más frecuentes: - ¿Dónde está?- ¿Tiene frío, puede comer y beber? - ¿Puedo hablar con él o ella? - ¿Cuándo vamos al cielo? - ¿Por qué no viene?

Es importante que responder a estas preguntas con sinceridad y de la manera más concreta posible. La mejor forma de saber lo que nuestros hijos o alumnos entienden sobre la muerte es dialogar con ellos. Preguntarles qué piensan sobre ello nos servirá para saber qué es lo que comprenden sobre lo sucedido, así como para despejarles las dudas y preocupaciones que nos puedan plantear.

Los niños de estas edades no necesitan recibir una explicación extensa o metafísica sobre la muerte, pero sí debemos ofrecerles un conocimiento práctico y fundamentado en hechos que les ayude a ir comprendiendo qué sucede, por qué sucede y cómo reaccionamos ante la muerte.

Debemos ayudarles a entender que la muerte es irreversible y que nunca volveremos a ver a las personas que fallecen. También podemos explicarles, ante su duda de si nosotros también vamos a morir, que lo haremos cuando seamos “muy, muy, muy mayores”. El uso de múltiples “muy” implica que las personas suelen fallecer cuando son ancianas, lo que implica que ellos ya serán personas “adultas”. Es una forma de dar seguridad a su estado “niño”.

Si la muerte ha sido a consecuencia de una enfermedad, también haremos hincapié en que las personas mueren cuando están “muy, muy, muy enfermas” para diferenciar los niveles de enfermedades y ayudarles a que comprendan que, cuando se está “malito”, no suele existir riesgo de muerte.

Por último, es importante explicarles que cuando un ser vivo muere (una persona o un animal) el cuerpo detiene su funcionamiento por completo y ya no puede ver, respirar, caminar y sentir. Debemos hacerles entender el hecho natural del fin de las funciones vitales para que puedan ir comprendiendo lo que la muerte tiene de irreversible, absoluta y definitiva. Debemos evitar términos metafóricos para explicar la muerte como “El abuelo se ha ido” o “Se ha sumido en un profundo sueño” o “Nos está viendo desde el cielo”, porque estos argumentos serán tomados de forma literal, lo que alimentará más aún su confusión. La mejor forma de que comprendan lo que ocurre cuando una persona o animal muere es utilizar un lenguaje basado en hechos que sea lo más sencillo y literal posible.


A continuación dejo el enlace de una página en la que se recomiendan algunos cuentos y novelas infantiles para afrontar la pérdida y muerte:

Para finalizar dejo un video en el que se dan unos pequeños consejos para explicar la muerte a los niños:

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