Tradicionalmente la Educación Especial ha sido vista como
un sistema diferenciado. Este movimiento inicia la idea de una escuela nueva
para todos y pretende garantizar la integración plena de las personas con algún
tipo de necesidad educativa.
Si atendemos al plano
educativo, estos alumnos, deben ser partícipes de una educación de calidad que
les preste los apoyos y las ayudas necesarias para su desarrollo personal,
social, cultural y emocional.
Esta integración escolar está basada en
principios de normalización, integración escolar, sectorización e
individualización, a través de los cuales va a surgir un nuevo modelo de
educación especial centrada en el
desarrollo de las capacidades y competencias del alumnado. Una nueva educación
que respeta la diversidad, garantiza la escolarización en centros ordinarios y
favorece la integración social en la sociedad que se desenvuelve.
Por tanto, como futuros
docentes debemos apostar por una Escuela
Inclusiva (integradora) en la que: todos los alumnos tienen diferentes
motivaciones, intereses y necesidades. La diversidad es un valor. Profesionales
crean un ambiente para enseñar a aprender. Cada alumno tiene su propio bagaje,
ideas y conocimientos. El profesor garantiza el proceso de cada alumno. La
organización personal y material depende del grupo/alumno. Los materiales y
tiempos del alumnado dependen de las tareas propuestas y de su necesidad.
Currículos abiertos y flexibles. El aprendizaje s la asimilación personal del
conocimiento. Las dificultades en el aprendizaje pueden ser de origen social,
cultural o escolar.
En el centro dónde
realizo mis prácticas atiende a alumnos con necesidades educativas especiales
con una profesora de apoyo y otra profesora logopeda. Concretamente en mi aula,
uno de los niños acude un día a la semana a clase de apoyo durante unos 30-40
minutos. Y los viernes acude éste mismo niño junto con otro a la logopeda, con
una duración de unos 30 minutos. Hay que destacar que el niño que acude a clase
de apoyo y a la logopeda, también acude a atención temprana fuera del propio
centro.
Observando a mi
maestra, ella incluye al niño que acude a atención temprana de manera
normalizada y no lo destaca entre el resto. Normaliza la situación y no por
ello le hace sentir diferente al resto de sus compañeros. Pero yo creo que
también depende del buen carácter del niño. En cambio el otro niño que va también al
logopeda, tiene un carácter todo lo contrario, y la maestra se pone muy
nerviosa con él. Creemos que posiblemente tenga algo por diagnosticar, pero en
edades tan tempranas aún no hay que precipitarse.
También es un aula que
hay multiculturalidad, ya que hay niños españoles y de origen musulmán. A parte
de convivir diariamente con las características específicas de cada uno de los
integrantes del aula.
Aquí dejo un vídeo en el
que se demuestra que la integración escolar es posible si queremos:
Fuente: elaboración
propia con material de otras asignaturas.
“Captación
de la atención de los niños”
Captar la atención de
cualquier niño y niña es un reto para la persona que lo intenta. Para ello hay
que tener esa sensibilidad especial que ellos necesitan y reunir las cualidades
correctas para hacerlo.
Estrategias
para captar la atención:
1.
Inicio
puntual y rápido de la clase sin ralentizarla con otras tareas, 2. Asegurar la atención de todos/as sin
excepción y no empezar hasta que ésta no esté garantizada, 3. Advertir de manera individual al alumnado distraído por su nombre
y no de manera general, 4. Detectar
y neutralizar el efecto de elementos distractores, 5. Comenzar la clase con actividades que la favorecen: preguntas
breves sobre lo tratado en la clase anterior, actividades prácticas de corta
duración, cuestiones o interrogantes que susciten curiosidad, 6. Cuidar la ubicación: acercar al
alumnado de menor rendimiento, 7. Cumplir
y hacer cumplir las normas: puntualidad, material... hasta hacer que sean
interiorizadas, 8. Alternar
diferentes formas de presentación de los contenidos: lecturas, proyecciones,
videos.....
Estrategias
para mantenerlas:
1.
Mejorar el nivel atencional de la clase, aunque hay que asumir como normal los
altibajos durante la jornada lectiva, 2.
Planificar diferentes líneas de
atención de la clase, no sólo hacia el profesorado o la tarea, sino
hacia los compañeros/as del grupo, 3. Incrementar la atención
positiva frente a la negativa, 4.Variedad
de tareas funcionales que evite la monotonía, 5. Evitar conductas leves que sean molestas que no afecten
significativamente (con gestos o ignorancia), 6.No dejar libre las conductas que interfieran de manera evidente
en la clase, 7. Cambios de ubicación
en clase para crear expectativas sobre lo novedoso.
Yo
creo en una escuela viva que dé respuestas a las
necesidades e inquietudes de los niños. Un grupo no se hace en un día, ni se
hace a base de la buena voluntad del maestro, ni de un horario, o programación
meticulosa y perfecta. Hay que dar tiempo a que los afectos, los espacios, las
costumbres y el trabajo en común vayan funcionando, entremezclándose,
uniéndose. Tan sólo habría que dar
tiempo, espacio y ganas a varias cosas importantes: a escuchar, a elegir, y a recibir…sus cosas, las cosas de los
niños.
Por
ello, enumero algunos recursos que se podrían llevar a cabo para captar la
atención de los niños y niñas en las aulas:
1.
Gráficos con el color de los ojos, del pelo, de la altura, el sexo, los dientes
caídos.., bajo el título global de: “Así somos”.
2.
El cartel con sus nombres. En lugar preferente, por su gran importancia. El
nombre, la representación de uno mismo, su presencia en forma de palabra, la
magia hecho sonido para ellos.
3.
El mural con las poesías regaladas,
pareados con el nombre de cada niño, que el maestro dedica como presente el
primer día de clase, y que sirven de encuentro, de broma, de conocimiento
mutuo, de juego de acercamiento…
4.
El cartel con las fotos de la familia y las del grupo en plena actividad: en el
patio, en las fiestas, excursiones, talleres…
5.
El diccionario de pictogramas. Dónde se reúnen los pequeños dibujos, que
representa simbólicamente las actividades a realizar, y que sirven, entre otras
cosas, para organizar el tiempo de cada día.
6.
El libro de los sueños, dónde se apuntan los sueños de los niños que quieren
contarlos a los demás.
7.
El libro de los trucos, con las técnicas de Plástica que se van aprendiendo, a
modo de archivo.
8.
El libro de los cuentos, creados por los propios niños (solos o con el grupo).
9.
La caja de los recuerdos: aquí van cosas que se quieren conservar por algún
motivo.
10.
La caja del tesoro, dónde se guardan objetos como pulseras, piedras brillantes,
lentejuelas, y un montón de papeles de colores entre otras cosas. Para que los
niños escampen estas cosas en la mesa, y se las prueben, las miren, las ordene,
las acaricien…
Fuente: Carmen Díez Navarro (1998). La oreja verde de la escuela (2da ed). Madrid, Ediciones de la Torre.


