martes, 17 de marzo de 2015

Comportamiento en el aula y resolución de conflictos


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El manejo efectivo del aula aumenta las oportunidades de aprendizaje del alumnado. En el ámbito escolar es muy importante el aprendizaje académico, pero igual de importante, es el aprendizaje emocional y social del alumnado.  Pero ello se ve afectado por el incremento de inadecuados comportamientos dentro del aula.

Así, las conductas y comportamientos de los niños y niñas pueden tener su origen en tres aspectos que en mi parecer pueden ser esenciales:

  Factores individuales: temperamento, impulsividad, problemas de atención, inteligencia y habilidades socio-cognitivas.
  Factores familiares: estilos de crianza, conflictos familiares y familias desestructuradas, abuso infantil y padres antisociales.
 Factores contextuales: factores socioeconómicos, medios de comunicación y escuela.

Por ello, para crear un clima en el que tanto el maestro/a como el alumnado se encuentren cómodos y se realice un manejo adecuado del aula es necesario tener en cuenta:

   Organización física del aula que facilite la interacción entre maestro-alumnado, y mantenga las distracciones al mínimo.

  Crear un clima de clase efectivo, es decir: comunicando la aceptación y respeto mutuo, estableciendo una atmósfera formal sin amenazas, favoreciendo así el aprendizaje significativo y creando un ambiente en el que el alumnado se encuentre motivado y centrado en las tareas.

   Poner límites razonables a la conducta del estudiante, deben aprender que ciertos comportamientos no serán tolerados. Algunos aspectos a tener en cuenta a la hora de establecer límites son: establecer pocas normas o reglas al principio del curso y revisar periódicamente el uso de reglas existentes. Todo lo anterior se realizaría de forma conjunta entre el maestro/a y los alumnos.

  Planear actividades que mantengan al alumnado en las tareas, planeándolas antes de tiempo, con materiales interesantes y variados que faciliten el aprendizaje y motiven al alumnado a querer aprender. Para asegurar esto se debe: comprobar que el alumnado siempre está ocupado y comprometido, elegir el material con un nivel académico adecuado, estructurar las tareas un mínimo y planear los periodos de transición en el día escolar (las salidas y entradas a clase, etc.).

   Controlar continuamente lo que están haciendo los niños y niñas, observando su comportamiento y estando alerta de cualquier cambio. Para ello, es necesario contar con las habilidades de observación y de registro del comportamiento que permiten al maestro/a, tanto detectar y resolver comportamientos inadecuados, como determinar si los objetivos se están alcanzando.

   Modificar estrategias instruccionales siempre que sea necesario. Es importante al comienzo del curso evaluar los conocimientos con los que cuenta el alumnado, para saber desde dónde hay que partir y detectar posibles problemas, diseñando actuaciones para evitar que éstos se mantengan o empeoren. Así mismo es importante realizar una evaluación continua para modificar dichas actuaciones cuando sea oportuno.

En mi aula de 3 años, hay conflictos continuamente que se intentan resolver de la mejor manera posible. Normalmente los conflictos que hay es que entre ellos se molestan, se pegan jugando, quieren el juguete del compañero, dejan el grifo abierto, no se quieren comer la merienda o no hacen caso a los adultos. 

Para resolver dichos conflictos se dialoga con ellos para que lo comprendan e intentar orientarlos hacia la conducta adecuada. Cuando eso falla, se recurre al castigo o al tiempo fuera. Que consiste en explicarles el motivo por el que van a ser castigados, dejarlos apartados durante un tiempo (entre 2-5 minutos), y volver a explicarles que la conducta que han realizado no es la adecuada y que tienen que intentar no volver a repetirla. Cuando lo comprenden se les deja que continúen con  la actividad que estaban realizando anteriormente. 

Si un conflicto se prolonga en el tiempo, lo mejor es avisar al niño/a de sus consecuencias. En ocasiones puede o no dar resultado, pero mi experiencia y la continuación reiterada consiguen que el niño/a no vuelva a repetir la inadecuada acción. 

Por ello es fundamental que como futuros docentes trabajemos en el aula con las emociones para que los niños y niñas aprendan a exteriorizarlas hacia los demás, evitando caer en los conflictos. Con sencillas y pegadizas canciones como las siguientes se puede conseguir:











Fuente: elaboración propia con temario de otras asignaturas.


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